
A través de la pantalla, muchos de vosotros, los que no me conocéis personalmente, no podéis saber cuál es mi edad. Si os digo que en este mes de Junio se cumplen 20 años de la fecha en que empecé a salir con el que hoy es mi marido, seguramente penséis que debo rondar al menos los 40, verdad? Pues.... no¡¡¡¡¡ Digamos, sin entrar en muchos detalles, que acabo de empezar la década de los 30. Si, si, imagino la cara que habéis puesto, porque haciendo cálculos os daréis cuenta de que era sólo una niña cuando todo esto empezó. La nuestra es una de esas historias que hoy es difícil de encontrar en la que dos personas, son la primera y por ahora la única, la una para la otra. Una historia en la que hemos ido cogidos de la mano por lo bueno y ya por lo no tan bueno. Una historia en la que los dos niños se hicieron adultos y cada uno tiene que tener a la fuerza parte del otro en su forma de ser. Una historia en la que yo en especial, me siento arropada, protegida y querida por una persona, que me hace querer ser mejor persona. Una historia que, en definitiva, espero sea para siempre. Esperando que esta persona tan especial, en algún ratito libre, caiga en la tentación y lo lea, este es mi pequeño homenaje público al mejor compañero en este viaje infinito que como dice una bonita canción, cuida de que el viento no despeine mi flequillo.
Antes de que me siga poniendo más ñoña, os dejo con este cachito de tarta, que es lo que ha quedado de un gran pastel que preparé para la ocasión. Aunque en el corte es difícil de percibir se trata de una layer cake de chocolate cubierta por un frosting de queso en forma de bonitas rosas violetas.
Para elaborar el bizcocho he seguido las directrices de nuestra querida
Bea, que siempre es garantía de éxito. Os dejo con sus explicaciones al pie de la letra, salvo algún pequeño cambio.
Necesitamos (para dos bizcochos):
INGREDIENTES:
- 230 gr. chocolate fondant o de cobertura,
- 170 gr. mantequilla sin sal,
- 350 gr. azúcar moreno integral,
- 3 huevos XL (separadas las claras de las yemas),
- 370 gr. harina trigo todo uso,
- 1 y 1/2 cucharaditas de levadura Royal,
- 1 y 1/2 cucharaditas bicarbonato sódico,
- 1/2 cucharadita de sal,
- 500 ml. leche a temperatura ambiente,
- 2 cucharaditas extracto de vainilla.
PREPARACIÓN (En KitchenAid):
Precalentar el horno a 175º (en el mío a 180º).
Engrasar con mantequilla dos moldes de 22 cm de diámetro y prepararlos con papel de hornear en la base y en los laterales.
A baño maría, sin que llegue a hervir el agua, derretir el chocolate y reservar hasta que enfríe.
Tamizar la harina, polvo de hornear, bicarbonato sódico, sal y reservar.
Montar las claras a punto de nieve y reservar.
Batir las yemas durante unos minutos hasta que espumen y reservar.
Mezclar la leche junto con el extracto de vainilla y reservar.
Batir con la pala la mantequilla y el azúcar hasta que consigamos una mezcla que haya blanqueado y quede esponjosa (aproximadamente unos 3 minutos a velocidad media).
Añadir las yemas batidas en dos veces a velocidad baja y batir bien. Incorporar a ésta mezcla el chocolate derretido y que habremos esperado a que se enfríe. Batir hasta que esté integrado.
Con la velocidad al mínimo añadir un tercio de la harina y batir justo hasta que se haya incorporado.
Añadir un tercio de la leche con la vainilla.
Continuar alternando con la harina hasta que hayamos terminado y no batir más de lo necesario.
Incorporar suavemente a mano con una espátula de silicona las claras montadas a punto de nieve. No batir ésta mezcla, sino mezclar, puesto que se nos bajarán.
Repartir esta masa uniformemente entre los moldes que teníamos preparados. Es muy importante que los dos moldes tengan exactamente la misma cantidad de masa.
Hornear durante unos 25-30 minutos, o hasta que al pinchar con un palillo, éste salga totalmente seco. (En mi caso tardo cada bizcocho tardó algo mas de 50 minutos en cocerse).
Dejar enfriar sobre una rejilla durante 10 minutos. Pasado este tiempo, los desmoldaremos, les daremos la vuelta, y los dejaremos enfriar totalmente sobre una rejilla.*
Cuando estén totalmente fríos, los envolveremos en papel film (de plástico), y los meteremos de un día para otro en la nevera para que se asiente la miga.
* Ultimamente a raíz de un vídeo que encontré en youtube, en vez de ayudarme de un cuchillo de sierra para quitarle la barriguita al bizcocho, tras dejarle reposar los diez minutos en el molde, presiono el bizcocho cubierto con un paño limpio con la ayuda de una manopla de cocina para no quemarme y así igualarlo. Da muy buen resultado. El problema es que ahora no quedar esos ricos restos de bizcocho más crujientitos que tanto le gustan al protagonista de esta entrada.
Necesitamos (para el frosting de queso):
INGREDIENTES:
- 300 g. de queso crema frío.
- 120 g. de mantequilla a temperatura ambiente.
- 600 g. de azúcar glass (en mi caso como no me gusta tan dulce puse unos 400 g.).
PREPARACIÓN (En KitchenAid):
Tamizar el azúcar glass. Batir la mantequilla con el azúcar a velocidad media con la pala hasta que se integre totalmente. Añadir el queso crema y batir hasta que la mezcla sea homogénea.
Si no se va a usar inmediatamente conservar en la nevera hasta el momento de decorar la tarta.
Para el montaje de la tarta os recomiendo que sigáis al pie de la letra las recomendaciones que nos hace Bea en este completo
post. En el caso de esta tarta, no hizo falta completar el proceso hasta el final ya que la cobertura final era de rosas, que conseguí con la boquilla rizada 1W de Wilton, haciendo circunferencias de dentro hacia fuera hasta cubrir por completo la tarta.
Os aseguro que se trata de un bizcocho suave y jugoso, que con la cobertura de queso no queda excesivamente empalagoso, lo que convierte el conjunto en un bocado atractivo para todo tipo de paladares.
Esperando que os guste la propuesta y que no os importe este pequeño guiño de intimidad os espero en mi cocina en la próxima entrada.
Besos¡¡¡¡